Cut the world

Llevo varios días queriendo escribir pero no he podido hacerlo. Encerrada en un estado de incomunicación transitoria, he sido incapaz de abordar ciertas emociones, siendo esas emociones precisamente las que quería analizar. Me imagino que aún es demasiado pronto para diseccionarlas con la habilidad y distancia pertinentes. Sin embargo, cuento con la música, las imágenes y las palabras de otros para expresarnos. Una vez más, hablo y rindo homenaje al poder del arte, capaz de contar todas las historias. No importa lo que el autor de la obra haya querido decir; las emociones son universales y viajan formando círculos que crean intersecciones en las que el mensaje queda abierto a la reinterpretación.

Este es el caso del vídeo que he decidido compartir (al final del post). El tema es “Cut the world”, de Antony and the Johnsons. Fruto de la colaboración de Antony Hegarty en la obra “La vida y muerte de Marina Abramovic”,  la interpretación inmediata de la pieza es para la mayor parte  del público (y para el propio Antony) la rebelión de la mujer ante la sociedad patriarcal. Sin embargo para mí, y quizá más el vídeo que la canción, aunque ambos son creaciones ambiguas, se trata de una obra de arte emocionante, violenta y cruel (alineada con el estilo hiriente de Abramovic en algunas de sus performances) que tiene un sinfín de significados.

Un inmenso Willem Dafoe abre la historia con su mirada contradictoria y plagada de matices: confusión, poder, gentileza… se dan cita en el límite que separa el iris de sus pupilas, mientras contempla la ciudad desde su despacho y juega con la alianza que luce en su dedo anular.

Su soledad es interrumpida por la inquietante Carice Van Hauten, que le deja unos documentos sobre la mesa. La cámara la sigue por el pasillo cuando abandona el despacho de su superior hasta que llega a su oficina y también se detiene frente a la venta a contemplar el exterior en silencio. Un primer plano de sus ojos, humedecidos da paso a otro de su rostro, que refleja una dolorosa pesadumbre.

Luego la narración sigue adelante, empapándose de lágrimas y sangre.

A mí parecer, la fuerza poética de la historia trasciende el mensaje inmediato, vinculado a la rebelión femenina ante una injusta hegemonía del varón en la especie humana, para desplegar un mapa de infinitas posibilidades. El crimen cometido por la protagonista del vídeo puede perfectamente simbolizar una escisión entre los principios en los que hemos sido educados y los que han de conformar nuestra ética personal como adultos libres. También representa un voluntario aniquilamiento del sistema aparentemente seguro en el que vivimos; un encierro confuso, insano, gentil y confortable que nos impide ver la luz, pero que a la vez conforma nuestra vida e incluso nuestro ser, tal y como lo conocemos. O quizá pueda ser el reflejo de la irremediable ruptura con una relación emocional tan férreamente instalada en nuestro entramado afectivo (pudiendo ser familiar, amistosa, social o amorosa) que exige el exterminio de los que, erroneamente, considerábamos nuestros deseos.

El fin de los días que conocemos es el fin de los sueños que nos inyectaron en vena al nacer. Identificar y repudiar las metas impuestas por terceros, sean cuales sean, es traumático, porque aunque ajenos y tiranos, esos referentes son los que hemos conocido y de alguna forma, los amamos. Profundamente, además. Sin embargo, sólo después de hacerlo podremos construir nuestros sueños e iniciar nuestro propio camino.

Destaco el cameo de la mismísima Marina Abramovic mirando fijamente a Candice…

Que lo disfrutéis. O lo sufráis. O (¿por qué no?) ambas cosas.

Intacta Francesca

No me gusta centrarme en las biografías de aquellos malogrados a quienes admiro. Ya lo han hecho otros antes que yo. Lo han hecho mucho mejor de lo que pudiera yo hacerlo. Tan sólo trato de rescatar su memoria, que hoy habita la mía,  repentinamente.

Hablo de los delicados retratos de Francesca Woodman, hablo de ella, otra tierna maldita. Seguro que la conocéis. Sus fotos muestran con frecuencia su propia desnudez: sí, ésa es francesca. Un talento forjado en la sensibilidad extrema confiere a sus retratos esta ternura melancólica que a tantos nos atrapa. Esa angustia, esa incesante búsqueda de la desnuez radical. La  joven artista que busca desesperadamente la respuesta del amor, de la vida, del instante… delicada e impaciente  Francesca, el peso de la angustia la arrastró a los 22 años. Ella saltó. Atravesó una ventana. Era el año 1981. Nueva York.

Sí,  así te conservarás intacta.

““Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones… en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…”.

Catársis dominical

Ya no los siento así. Antes los domingos solían ser ese día de polvo, ceniza y vacío después de 40 horas vomitando. Me sentía como una cáscara de limón exprimido sin nada que esperar ni nada que ofrecer.  Sobrevolar el lunes me causaba un vértigo agotador.
En los últimos años el domingo ha cambiado: me parece un día lleno de oportunidades aisladas, de encuentros extraños. Mala pata que el lunes esté al lado con su sombrero de responsabilidad y tedio  porque, de no ser así, el domingo sería mi día. Y eso a pesar de esa atmósfera lunar que parece cubrir la ciudad, como una manta invisible con sed de sangre. Sigue siendo así, sigue existiendo esa melancolía dominical, sólo que ahora encuentro un extraño gusto en ella así que me entrego al frenético placer de la clausura del fin de semana. Eso sí, todavía amanezco con este tema, una canción a la medida del domingo: intensamente bella, triste y seductora. He desperdiciado el tiempo pero quedan tantas horas por desperdiciar… y encuentro una rara felicidad en esa triste sensación, la misma felicidad que me produce la Velvet. Catársis dominical, la llaman.

A tiros

Como en las películas. Un tiroteo en la zona de Sol. Uno ve Kill Bill, El Padrino o Los Ángeles de Charly y se visualiza en medio de los tiros, esquivándolos y protagonizando algún acto heroico. Pero luego todo se traduce en pánico, sudor frío y una bala que rebota en el ojo de un ciudadano ajeno al porqué de los tiros. Razones había, no importa cuáles, existían. Eso seguro porque siempre las hay. Soy española y lo sé. Soy europea y lo sé. Una persona. Nosotros, los humanos,  no inventamos el mundo, simplemente hacemos nuestras cosas y el mundo acaba siendo el resultado de cada uno de nuestros latidos.

Esto no es América, calma. Y que Dios nos pille confesados…

El sol invisible de Alejandra Pizarnik

“¿Y quién no tiene un amor?  ¿Y quién no goza entre amapolas? ” exclama…

Dolorida, aquejada de esa extraña melancolía que amenaza a los extranjeros de todo país, a las almas exiliadas, Alejandra pertenece a ese grupo de malogrados que no alcanzan el estatus de mito en el ideario masivo, aunque despierta la pasión sosegada de muchos amantes de la poesía.  “Yo no sé del sol. Yo sé de la melancolía del Ángel”  confiesa en otro poema. Un testimonio bajo cada palabra. A  Alejandra la descubrí por casualidad y pronto me atrapó. No es difícil tratándose de una poetisa que transmite en simples palabras la hondura del dolor causado por el constante aislamiento fruto de su temor a todo, a que el todo no sea…  “La jaula se ha vuelto pájaro ¿Qué haré con el miedo”.

Alejandra nació en 1936 en Buenos Aires. Era hija de emigrantes rusos. El desarraigo de no pertenecer a ningún lugar influenciaría necesariamente sus poemas. No es difícil imaginar su infancia como un campo de tristeza y soledad. Si es cierto que la infancia es el jardín en el que siempre jugamos, su vida se nos antoja comprensible, atendiendo a la forma de la que evoca su niñez. La memoria, la figura de la “niña anciana” está presente en sus versos, es el eco susurrante de una infancia marchita: “Recuerdo mi niñez, cuando yo era una anciana. Las flores morían en mis manos… “

¿Su vida? un viaje de ida, confuso y profundo. “No quiero ir más que hasta el fondo. Una cadena de depresiones concluye en su suicidio en 1972. Había claudicado, pero su extinción respiraba en sus poemas mucho tiempo atrás :” El viento y la lluvia me borraron, como a un fuego, como a un poema escrito en un muro”.


Extraños en Isla Dawson. La canción triste de León Maza

La tierra está llena de extraños.  Los que se entregan aberrantemente, arbitrariamente (qué bella forma de entregarse) acaban sintiendo un angustioso miedo a no ser comprendidos, hasta que dejan de intentarlo. Y me pregunto: ¿De qué estan hechos los que siendo así no claudican?

La sensibilidad exacerbada es tan infrecuente y fascinante como peligrosa. Esos enajenados, seres convertidos en extraños porque un día cayeron del caballo de la lógica que el mundo, enajenado a su vez, nos impone. Galopar sobre ese lomo asusta, ahoga, entristece…

Por eso necesitaba hablar de León Maza, al que una gran amiga suya de la infancia, compañera e íntima amiga de mi edad adulta, me ha descubierto. Desterrado del imperio de la razón, León brilló en su propia oscuridad. Su sensibilidad atroz, su pornográfica honestidad le condenó  al insoportable dolor que produce la nostalgia de quien nunca estuvo, esa perpetua idea de haber sido abandonado a su suerte en una isla solitaria y árida.

Acaban de publicar su libro póstumo en Chile: Isla Dawson, poemas de belleza y crueldad. Yo ya he pedido un ejemplar a mi amiga. Algunos de sus versos se clavan en la memoria como dagas asesinas, me producen una extraña mezcla de vacío,  placer y dolor que no acierto a describir. Debe ser el encuentro con quien sufre como nosotros y no es capaz de convivir con su torturador: su volcánico espíritu.

“Empuño mi vida como el gladiador empuña su espada. Soy un cuerpo en movimiento y estoy descendiendo”, dice uno de sus versos.

O una declaración de amor a la vida tan desgarradora como profunda: “Debo admitir que amé a todo quien entró en mi vida. Sin diferenciaciones. Arbitrariamente. Aberrantemente”.

Gracias a Paz Vaello, por compartirlo con nosotros, a Daniel Maestre por el artículo, a Ocho libros por publicar su trabajo, a su amigo Tomás, por su esfuerzo… Y a León.

Gracias a todos por este bonito regalo.

Artículo original: http://www.lanacion.cl/-isla-dawson-poemas-de-belleza-y-crueldad-el-libro-postumo-de-leon-maza/noticias/2010-04-04/204809.html