Catársis dominical

Ya no los siento así. Antes los domingos solían ser ese día de polvo, ceniza y vacío después de 40 horas vomitando. Me sentía como una cáscara de limón exprimido sin nada que esperar ni nada que ofrecer.  Sobrevolar el lunes me causaba un vértigo agotador.
En los últimos años el domingo ha cambiado: me parece un día lleno de oportunidades aisladas, de encuentros extraños. Mala pata que el lunes esté al lado con su sombrero de responsabilidad y tedio  porque, de no ser así, el domingo sería mi día. Y eso a pesar de esa atmósfera lunar que parece cubrir la ciudad, como una manta invisible con sed de sangre. Sigue siendo así, sigue existiendo esa melancolía dominical, sólo que ahora encuentro un extraño gusto en ella así que me entrego al frenético placer de la clausura del fin de semana. Eso sí, todavía amanezco con este tema, una canción a la medida del domingo: intensamente bella, triste y seductora. He desperdiciado el tiempo pero quedan tantas horas por desperdiciar… y encuentro una rara felicidad en esa triste sensación, la misma felicidad que me produce la Velvet. Catársis dominical, la llaman.

Nikka superstar

Nikka era una estella. O me lo parecía. Era muy pequeña cuando aquella niña de ojos enormes actuó en el Un dos tres. La vi y pensé con mi mente infantil ” Sería genial ser como ella…  canta, bailar y que todos te aplaudiesen en un idioma extraño”.

Su recuerdo se esfumó y permaneció lejos durante más de una década, periodo de tiempo que en aquel entonces era equivalente a un milenio. Hasta que por casualidad, en uno de esos programas de viernes que presentaba Concha Velasco (¿O era José Luis Moreno?) Nikka reapareció. Estaba radiante, con un cabello rubio platino largo y ondulado (color que lucí durante años). Concha (digamos que era ella) la presentó y explicó que aún era una niña de tan sólo 17 años.  “¿Niña?”, pensé, “Pero si tiene un siglo…y no es tan famosa. Al final la niña del baile de las piruletas no será una estrella” me dije. Volví a olvidarla, perdí su pista… hasta  una década depués.

¿La razón del reencuentro?: “Get off my sunshine” . Me flipaba.  “Siempre supe que molaba” me dije. Llevé los dos mechones platinos con el cabello dorado y ondulado un par de años.  No digo más.

A mi impresión no podía seguir el olvido: volví a su música de forma intermitente. Creo que fue en 2000 cuando lanzó este tema: “Like a feather”, con ese vídeo lleno de luces de colores setenteras. ¿Qué iba hacer sino enloquecer una vez más, ahora ante aquellas gafas de espejos, aquel chaleco, aquella forma de mover el micro? Yo, que había tenido una adolescencia neohippy, volví a rendirme a sus pies. Allí estaba, dando palmas, contoneándose y luciendo aquellla melena pelirroja. Y pensé, “Ay Nikka, sería genial ser como tú, cantar y bailar y tener ese cabello pelirrojo…”  Que los demás apaludiesen o no había perdido importancia.

No canto, pero dejé de ser rubia en pro del rojizo.

En fin, que me encanta este temazo. Y para mí, eres una estrella, baby.