A cuatro manos

Tocábamos el cajón. Yo te seguía. Tú le seguías. Él marcaba el ritmo.
Yo sonreía. Tú también sonreías. Él tenía los ojos cerrados (no recuerdo el color) y nos hablaba bajito (no recuerdo su voz).

Guardo el cajón en casa de mi madre: sé que prometí quemarlo, pero no lo hice. Siempre que lo miro pienso en vosotros.
En vuestras manos al compás. En el aroma de tu cuello. Y en aquella maldita tarde de agosto.Captura de pantalla 2015-07-16 a las 00.51.03

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